domingo, 28 de agosto de 2011

Lágrimas saladas rodando por mejillas dulces

Él era el blanco. Ella el negro. A veces se mezclaban y conseguían un precioso gris plateado. Ese color los trasportaba a otro mundo. Un mundo maravilloso solo para ellos dos. Estaban juntos, el resto del mundo se les olvidaba.




Ellos se querían muchísimo. Ninguno de los dos había amado tanto a otra persona. Sus diferencias hacían que su relación fuera especial y única. Y, ¿para qué nos vamos a engañar? Ser dos polos opuestos era lo que hacía todo mucho más divertido. Ese sentimiento de atracción-repulsión que provocaba que saltaran chispas con sólo mirarse era algo que no se puede describir con palabras.

Sin embargo, en el fondo, por mucho que los dos lo intentaran, no podían cambiar lo que eran. Cada uno tenía su manera de mirar el mundo y un concepto diferente del amor. Ella deseaba ser como él, anhelaba complacerle, hacerle feliz. Pero ella no era la chica que él necesitaba. Por esta razón, para evitar más dolor decidieron distanciarse. Aún con todo, ella no estaba segura de qué le provocaba más angustia: si estar con él haciendose daño, o vivir sin él. Un ''Ni contigo ni sin ti" en toda regla.




El tiempo lo diría todo...

lunes, 22 de agosto de 2011

Una historia olvidada en un rincón

Paradójico. Había probado su propia medicina. Ella, la que no dejaba entrar a nadie. Ella, la que alardeaba de impasibilidad. Ella, la que decía ser de piedra. Ella, la que se burlaba de los demás. Pero también, ella, la que lloraba con alguna que otra película. Ella, la que sufría amores ajenos. Ella, la que sonreía al ver parejas felices. Ella, la que al fin y al cabo, era como todas las personas. Lo primero tan sólo era una máscara, una muralla para evitar que le hicieran daño, otra vez. Sólo había sido en una ocasión y se juró a sí misma que no permitiría que se repitiese. Se traicionó. Poco a poco la muralla comenzó a debilitarse y finalmente ella dejó que callera, porque en realidad, ella quería que se derrumbase. Error. Pero ahora estaba segura, era el último. Construiría otra muralla, esta vez de hielo, un impenetrable bloque que la dejaría a salvo del mundo, a salvo de ellos. Y puede que esta vez se necesitara un astro que irradiara la suficiente energía como para derretir el hielo. Ella dudaba que existiera, por lo que siempre estaría encerrada en su fortaleza. Presa, sí, pero sin peligro.



No volvería a suceder. No cometería otro error. No tropezaría dos veces en la misma piedra. Pero había algo más de lo que también estaba totalmente segura. Ella no le daría a probar de su propia medicina, por mucho que lo desease, por mucho que él lo mereciese. Ella no era así ni lo iba a ser. Sin embargo, otras cosas iban a cambiar. Sí, se iba a divertir. Ya le tocaba, ¿no?

Pisando fuerte

He vuelto. Sí, he estado perdida en alguna parte, puede que en mí misma. Pero ya estoy aquí y vengo con más fuerza que nunca.


Nunca te detengas.