sábado, 4 de febrero de 2012

4.02.2011

Una sola lágrima rodó por su mejilla derecha para expresar todos sus sentimientos. Dolor. Ira. Rabia. Odio. Amor. Amor. Amor. Amor. Amor. Amor. Amor. Amor. Amor. Amor.


domingo, 6 de noviembre de 2011

Bailando con fuego

Fuego. Tan necesario... Proporciona calor a tu cuerpo, ilumina la oscuridad y hace las veces de señales. Pero no es sólo un mero elemento. Ese fuego invisible y mágico que crea lazos entre los humanos es absolutamente esencial.
Amistad. Amor. Odio. Al fin y al cabo, solo hay un paso entre ellos.


El fuego es peligroso. Puede ser un arma, un arma letal. Es tan juguetón como un niño, pero a la vez engañoso y traicionero cual adulto. Puede parecer dócil y manejable, pero en cuanto se le antoje, se volverá contra ti. Hay personas que creen tenerlo en su poder, pero se equivocan. Sólo yo sé llegar hasta él, sólo yo sé seducirlo, enamorarlo... Sólo yo soy su dueña.


¿Tú juegas con fuego? Yo bailo con él.
Yo soy la Bailarina del Fuego.

martes, 13 de septiembre de 2011

Salir corriendo...

Correr. Huir. Escapar. Parecen sinónimos de cobardía... Incluso recuerdan a alguien que no quiere enfrentarse a sus problemas. Pero correr no tiene por qué ser de cobardes, sino de inteligentes. O de enamorados. Porque aquí, ¿quién no es cobarde por amor? A veces, salir corriendo es una manera de evitar un daño innecesario. No merece la pena surfrir en vano si no se va a conseguir nada. Así que, ¿para qué intentarlo? El problema es: ¿cómo sabemos cuándo no vale la pena?



Quizás darte la vuelta y echar a correr sea lo más sensato... Pero hay veces que es mejor respirar hondo, levantar la barbilla y mirar al problema a los ojos. Puede que te explote en la cara, o no... ¿Quién sabe? Igual esa decisión es la mejor de tu vida... Desgraciadamente, sólo hay una manera de saberlo: arriesgarse. Y quien no arriesga, no gana.



viernes, 9 de septiembre de 2011

No es oro todo lo que reluce

Corro. Se está yendo. Va a cerrar las puertas. No, por favor. Pongo cara de pena. No funciona. Me cierra las puertas en las narices. Maldito conductor. Ahora toca esperar no sé cuantos minutos en la parada hasta que llegue otro bus... Llega. Subo. Pago. Busco un asiento. Me acomodo en él. Todo de forma automática, como si fuera un robot. El bus arranca. Empieza el juego.

Miro a mi alrededor. Personas. Todas a lo suyo, pensando en sus cosas. Las observo con disimulo. Me encanta hacerlo. Adoro imaginar cómo son sus vidas, adónde van, si tienen problemas... Pero lo mejor es escuchar conversaciones ajenas. Si son dos o más que se conocen mejor, pero aunque todo el mundo esté solo no pasa nada, ya que no hay un solo autobús en el que no suene un móvil: está científicamente demostrado.




Cuando hablan tengo una excusa para apoyar mi teoría sobre su posible personalidad. Pero cuando sólo me fijo en su aspecto, me avergüenzo de mí misma. Si se trata de una chica guapa, no por ello su vida va a ser de color de rosa... Quizás sería más feliz con un poco menos de belleza... Que una chica lleve gafas y esté algo rellenita no quiere decir que saque dieces. ¿Quién sabe? Igual baila genial hip hop... Un hippie con rastas podría venir de una familia rica o estar estudiando empresariales...


Apariencias. Nuestro mundo se basa en ellas. Prejuicios. Todos los tenemos. Y no, no debe ser así. No se puede juzgar sin saber. No basta con abrir los ojos y mirar. Hay que intentar ver más allá para conocer de verdad a las personas.



Apariencias. Distanciando personas desde tiempos inmemoriales.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Manual de amor

El corazón tiene las dimensiones de un puño y su forma es semejante a la de una pera con la punta hacia abajo. El corazón es el órgano que simboliza el amor. Sigue el ritmo de las emociones... Normalmente, en una persona adulta el corazón se contrae entre sesenta y setenta veces por minuto. Pero el de una persona enamorada muchas más. A veces llega hasta cien sin que ni siquiera se dé cuenta. El corazón es el último órgano en rendirse, continúa latiendo incluso cuando está separado del organismo, incluso cuando te abandona la persona amada, incluso cuando ya no quieres sufrir más, porque pierdes el control sobre él cuando está enamorado.
Cuando tu corazón late fuerte por otra persona ya no eres tú quien manda, manda él.


domingo, 28 de agosto de 2011

Lágrimas saladas rodando por mejillas dulces

Él era el blanco. Ella el negro. A veces se mezclaban y conseguían un precioso gris plateado. Ese color los trasportaba a otro mundo. Un mundo maravilloso solo para ellos dos. Estaban juntos, el resto del mundo se les olvidaba.




Ellos se querían muchísimo. Ninguno de los dos había amado tanto a otra persona. Sus diferencias hacían que su relación fuera especial y única. Y, ¿para qué nos vamos a engañar? Ser dos polos opuestos era lo que hacía todo mucho más divertido. Ese sentimiento de atracción-repulsión que provocaba que saltaran chispas con sólo mirarse era algo que no se puede describir con palabras.

Sin embargo, en el fondo, por mucho que los dos lo intentaran, no podían cambiar lo que eran. Cada uno tenía su manera de mirar el mundo y un concepto diferente del amor. Ella deseaba ser como él, anhelaba complacerle, hacerle feliz. Pero ella no era la chica que él necesitaba. Por esta razón, para evitar más dolor decidieron distanciarse. Aún con todo, ella no estaba segura de qué le provocaba más angustia: si estar con él haciendose daño, o vivir sin él. Un ''Ni contigo ni sin ti" en toda regla.




El tiempo lo diría todo...

lunes, 22 de agosto de 2011

Una historia olvidada en un rincón

Paradójico. Había probado su propia medicina. Ella, la que no dejaba entrar a nadie. Ella, la que alardeaba de impasibilidad. Ella, la que decía ser de piedra. Ella, la que se burlaba de los demás. Pero también, ella, la que lloraba con alguna que otra película. Ella, la que sufría amores ajenos. Ella, la que sonreía al ver parejas felices. Ella, la que al fin y al cabo, era como todas las personas. Lo primero tan sólo era una máscara, una muralla para evitar que le hicieran daño, otra vez. Sólo había sido en una ocasión y se juró a sí misma que no permitiría que se repitiese. Se traicionó. Poco a poco la muralla comenzó a debilitarse y finalmente ella dejó que callera, porque en realidad, ella quería que se derrumbase. Error. Pero ahora estaba segura, era el último. Construiría otra muralla, esta vez de hielo, un impenetrable bloque que la dejaría a salvo del mundo, a salvo de ellos. Y puede que esta vez se necesitara un astro que irradiara la suficiente energía como para derretir el hielo. Ella dudaba que existiera, por lo que siempre estaría encerrada en su fortaleza. Presa, sí, pero sin peligro.



No volvería a suceder. No cometería otro error. No tropezaría dos veces en la misma piedra. Pero había algo más de lo que también estaba totalmente segura. Ella no le daría a probar de su propia medicina, por mucho que lo desease, por mucho que él lo mereciese. Ella no era así ni lo iba a ser. Sin embargo, otras cosas iban a cambiar. Sí, se iba a divertir. Ya le tocaba, ¿no?