domingo, 6 de noviembre de 2011

Bailando con fuego

Fuego. Tan necesario... Proporciona calor a tu cuerpo, ilumina la oscuridad y hace las veces de señales. Pero no es sólo un mero elemento. Ese fuego invisible y mágico que crea lazos entre los humanos es absolutamente esencial.
Amistad. Amor. Odio. Al fin y al cabo, solo hay un paso entre ellos.


El fuego es peligroso. Puede ser un arma, un arma letal. Es tan juguetón como un niño, pero a la vez engañoso y traicionero cual adulto. Puede parecer dócil y manejable, pero en cuanto se le antoje, se volverá contra ti. Hay personas que creen tenerlo en su poder, pero se equivocan. Sólo yo sé llegar hasta él, sólo yo sé seducirlo, enamorarlo... Sólo yo soy su dueña.


¿Tú juegas con fuego? Yo bailo con él.
Yo soy la Bailarina del Fuego.

martes, 13 de septiembre de 2011

Salir corriendo...

Correr. Huir. Escapar. Parecen sinónimos de cobardía... Incluso recuerdan a alguien que no quiere enfrentarse a sus problemas. Pero correr no tiene por qué ser de cobardes, sino de inteligentes. O de enamorados. Porque aquí, ¿quién no es cobarde por amor? A veces, salir corriendo es una manera de evitar un daño innecesario. No merece la pena surfrir en vano si no se va a conseguir nada. Así que, ¿para qué intentarlo? El problema es: ¿cómo sabemos cuándo no vale la pena?



Quizás darte la vuelta y echar a correr sea lo más sensato... Pero hay veces que es mejor respirar hondo, levantar la barbilla y mirar al problema a los ojos. Puede que te explote en la cara, o no... ¿Quién sabe? Igual esa decisión es la mejor de tu vida... Desgraciadamente, sólo hay una manera de saberlo: arriesgarse. Y quien no arriesga, no gana.



viernes, 9 de septiembre de 2011

No es oro todo lo que reluce

Corro. Se está yendo. Va a cerrar las puertas. No, por favor. Pongo cara de pena. No funciona. Me cierra las puertas en las narices. Maldito conductor. Ahora toca esperar no sé cuantos minutos en la parada hasta que llegue otro bus... Llega. Subo. Pago. Busco un asiento. Me acomodo en él. Todo de forma automática, como si fuera un robot. El bus arranca. Empieza el juego.

Miro a mi alrededor. Personas. Todas a lo suyo, pensando en sus cosas. Las observo con disimulo. Me encanta hacerlo. Adoro imaginar cómo son sus vidas, adónde van, si tienen problemas... Pero lo mejor es escuchar conversaciones ajenas. Si son dos o más que se conocen mejor, pero aunque todo el mundo esté solo no pasa nada, ya que no hay un solo autobús en el que no suene un móvil: está científicamente demostrado.




Cuando hablan tengo una excusa para apoyar mi teoría sobre su posible personalidad. Pero cuando sólo me fijo en su aspecto, me avergüenzo de mí misma. Si se trata de una chica guapa, no por ello su vida va a ser de color de rosa... Quizás sería más feliz con un poco menos de belleza... Que una chica lleve gafas y esté algo rellenita no quiere decir que saque dieces. ¿Quién sabe? Igual baila genial hip hop... Un hippie con rastas podría venir de una familia rica o estar estudiando empresariales...


Apariencias. Nuestro mundo se basa en ellas. Prejuicios. Todos los tenemos. Y no, no debe ser así. No se puede juzgar sin saber. No basta con abrir los ojos y mirar. Hay que intentar ver más allá para conocer de verdad a las personas.



Apariencias. Distanciando personas desde tiempos inmemoriales.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Manual de amor

El corazón tiene las dimensiones de un puño y su forma es semejante a la de una pera con la punta hacia abajo. El corazón es el órgano que simboliza el amor. Sigue el ritmo de las emociones... Normalmente, en una persona adulta el corazón se contrae entre sesenta y setenta veces por minuto. Pero el de una persona enamorada muchas más. A veces llega hasta cien sin que ni siquiera se dé cuenta. El corazón es el último órgano en rendirse, continúa latiendo incluso cuando está separado del organismo, incluso cuando te abandona la persona amada, incluso cuando ya no quieres sufrir más, porque pierdes el control sobre él cuando está enamorado.
Cuando tu corazón late fuerte por otra persona ya no eres tú quien manda, manda él.


domingo, 28 de agosto de 2011

Lágrimas saladas rodando por mejillas dulces

Él era el blanco. Ella el negro. A veces se mezclaban y conseguían un precioso gris plateado. Ese color los trasportaba a otro mundo. Un mundo maravilloso solo para ellos dos. Estaban juntos, el resto del mundo se les olvidaba.




Ellos se querían muchísimo. Ninguno de los dos había amado tanto a otra persona. Sus diferencias hacían que su relación fuera especial y única. Y, ¿para qué nos vamos a engañar? Ser dos polos opuestos era lo que hacía todo mucho más divertido. Ese sentimiento de atracción-repulsión que provocaba que saltaran chispas con sólo mirarse era algo que no se puede describir con palabras.

Sin embargo, en el fondo, por mucho que los dos lo intentaran, no podían cambiar lo que eran. Cada uno tenía su manera de mirar el mundo y un concepto diferente del amor. Ella deseaba ser como él, anhelaba complacerle, hacerle feliz. Pero ella no era la chica que él necesitaba. Por esta razón, para evitar más dolor decidieron distanciarse. Aún con todo, ella no estaba segura de qué le provocaba más angustia: si estar con él haciendose daño, o vivir sin él. Un ''Ni contigo ni sin ti" en toda regla.




El tiempo lo diría todo...

lunes, 22 de agosto de 2011

Una historia olvidada en un rincón

Paradójico. Había probado su propia medicina. Ella, la que no dejaba entrar a nadie. Ella, la que alardeaba de impasibilidad. Ella, la que decía ser de piedra. Ella, la que se burlaba de los demás. Pero también, ella, la que lloraba con alguna que otra película. Ella, la que sufría amores ajenos. Ella, la que sonreía al ver parejas felices. Ella, la que al fin y al cabo, era como todas las personas. Lo primero tan sólo era una máscara, una muralla para evitar que le hicieran daño, otra vez. Sólo había sido en una ocasión y se juró a sí misma que no permitiría que se repitiese. Se traicionó. Poco a poco la muralla comenzó a debilitarse y finalmente ella dejó que callera, porque en realidad, ella quería que se derrumbase. Error. Pero ahora estaba segura, era el último. Construiría otra muralla, esta vez de hielo, un impenetrable bloque que la dejaría a salvo del mundo, a salvo de ellos. Y puede que esta vez se necesitara un astro que irradiara la suficiente energía como para derretir el hielo. Ella dudaba que existiera, por lo que siempre estaría encerrada en su fortaleza. Presa, sí, pero sin peligro.



No volvería a suceder. No cometería otro error. No tropezaría dos veces en la misma piedra. Pero había algo más de lo que también estaba totalmente segura. Ella no le daría a probar de su propia medicina, por mucho que lo desease, por mucho que él lo mereciese. Ella no era así ni lo iba a ser. Sin embargo, otras cosas iban a cambiar. Sí, se iba a divertir. Ya le tocaba, ¿no?

Pisando fuerte

He vuelto. Sí, he estado perdida en alguna parte, puede que en mí misma. Pero ya estoy aquí y vengo con más fuerza que nunca.


Nunca te detengas.

domingo, 22 de mayo de 2011

¿Así mejor? :)

En estos momentos, por unas cosas u otras, la balanza se va a inclinar hacia lo positivo. Encontraré fuerzas para levantarme. Lo admito, he estado a punto de ser derrotada, pero me levantaré. PUEDO Y QUIERO! :D

miércoles, 11 de mayo de 2011

Escoja, entre el clavel o la rosa

A todas horas, a cada minuto, incluso a cada segundo. No nos dan tregua. Nuestra vida está marcada por elecciones. Desde que decides abrir los ojos y enfrentarte al mundo cruel ya estás eligiendo. Escojes lo difícil. Lo que más te apetece es volver a cerrar los ojos y perderte en la oscuridad, dónde eres feliz, dónde sólo estás tú y tus sueños. Pero no. Descartas la opción fácil y te encaras a lo desconocido.


Hay muchos tipos de elecciones. Las inconscientes, aquellas que ni siquiera te das cuenta de que existen. Pero están ahí y son las responsables de que no pares de caminar y sigas adelante. Las banales, que carecen de importancia transcendental, como decidir si tomas cereales o galletas para desayunar. Las lógicas. Sabes que es invierno, hace frío. Lo más normal es que te pongas ropa de abrigo porque sino caerás enfermo.


Pero, ¿acaso la lógica es divertida? Somos humanos, y eso implica que seamos contradictorios e impulsivos. Esas son las mejores, las elecciones contradictorias, ilógicas. Nieva. Sales a la calle. Sabes que puedes enfermar pero lo haces. Sientes los copos helados en tu cara. Sonríes. Eres feliz. Tú lo has elegido.




Là où le soleil brille

Miro por la ventana. Llueve. Tras las rejas rojas observo la oscuridad y la soledad que reinan en la calle. Aún faltan varias horas para que anochezca y sin embargo parece que es muy tarde. Me aburro, me siento prisionera en mi cárcel imaginaria. Un relámpago ilumina el cielo y simultáneamente, tal que una lámpara al encenderse, una idea nace en mi cabeza. Sonrío. Me precipito a la puerta, bajo las escaleras de dos en dos y salgo a la calle pisando fuerte. Corro. No sé cuál es mi destino, pero mis piernas sí parecen saberlo. Llego a un lugar donde ya no predomina el triste gris de la ciudad. Es como un oasis en medio de un desierto. Levanto mi cabeza hacia el cielo y la lluvia moja mi cara sin piedad. Intento no cerrar los ojos. Me concentro en cada gota que cae. Le han dado al botón de cámara lenta. Puedo verla perfectamente. Una gota diminuta, pero diferente a todas las demás. En realidad, ninguna de ellas es igual. Por separado, son insignificantes, pero juntas, tienen un poder asombroso.




El tiempo vuelve a su velocidad real, pero mi cabeza se acelera. Observo las nubes. Son negruzcas y cubren el cielo por completo. Intento ver más allá de ellas, allá donde el sol brille. Y ahí está, irradiando toda su energía. Calienta mi piel y le da un matiz dorado. Observo mi pelo. Ha sido obsequiado con un brillo especial que lo hace mucho más bonito. Cierro los ojos. Permanezco en la más absoluta inmovilidad disfrutando del calor. Los vuelvo a abrir. Las nubes no se han ido, pero el sol sigue allí. No lo puedo ver, pero sé a ciencia cierta que no se ha ido ni nunca se irá, y mientras tanto, aprenderé a bailar bajo la lluvia.

martes, 8 de febrero de 2011

Sueña, vuela... Nunca dejes de hacerlo.

Cierra los ojos. ¿Lo ves? ¿No? Relájate. Pon la mente en blanco. No pienses en nada, olvídate de todo, hasta de tí mismo. ¿Ya? Bien. Ahí está. Un precioso cielo azul sin una sola nube blanca. Algo se acerca. ¿Qué es? Un globo. Pero no uno cualquiera, es mágico, como los de las películas, a rayas de infinitos colores. Te subes en él, ya ¿qué puedes perder? Comienzas a ascender. Cada vez todo se vuelve más diminuto. Lo que está abajo pierde importancia, ya casi no puedes visualizarlo. Dejas atrás lo que te hace infeliz. Ya no existen las malas caras, las sensaciones tristes, los silencios incómodos, las lágrimas derramadas, los vacíos insustanciados, las decepciones, las batallas perdidas...

Aterrizas en lienzo en blanco. Ya no estás en la Tierra, ni siquiera en el Universo. Estás ahí para crear tu propio mundo. Eres un artista y sostienes en tu mano una paleta llena de colores y pinceles. Es tu creación. Puedes hacer lo que desees. Ni siquiera necesitas ser un buen dibujante. Tienes una habilidad con un poder insuperable: la imaginación. Y con ella puedes hacer realidad hasta lo imposible. Inventas un paraíso donde solo encuentras lo que tu quieres.

Recuerda lo que en esta vida te hace sonreír. ¿Seguro que lo sabes? Reflexiona bien, a veces no es tan fácil descubrir el camino a la felicidad... Ahí está todo. Paisajes increíbles, cosas materiales que por un momento te llenaron de ilusión, pero sobretodo, personas. Personas a las que quieres, que te dedican sonrisas, que te hacen sentir pleno, con las que puedes ser tú mismo, con las que le ves el sentido a tu existencia... Nadie ni nada te puede parar. Es tu mundo, son tus reglas. Simplemente vives y eres feliz.

Abres los ojos. Vuelta a la realidad. En el fondo no se está tan mal en ella. Hay cosas malas, absurdas, desesperantes. Pero también las hay buenas y a esas son a las que hay que darles más importancia, porque en el momento en el que la balanza se incline hacia las cosas malas, éstas te habrán ganado y no puedes permitirte perder esa batalla.


¿Y qué pasa con el paraíso que te has inventado? ¿Ha desaparecido?

No. Puedes volver a él siempre que quieras. Basta con cerrar los ojos.

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No estoy disponible en un rato. Creo que me voy a volar en globo ;)

domingo, 30 de enero de 2011

Como puñales

En la vida de alguien hay varios tipos de personas. Están las que no podrías vivir sin ellas, es decir, las importantes. Sabes que pase lo que pase van a estar ahí siempre que las necesites. Son las que inconscientemente marcas su número de teléfono, las que automáticamente te vienen a la cabeza cuando necesitas hablar con alguien. Son esas personas por las que pondrías la mano en el fuego sin dudarlo ni un segundo. Luego están las que te caen bien, pasas ratos agradables con ellas y les tienes aprecio, pero nada más. También están las indiferentes, ni te caen bien ni mal, simplemente existen y no influyen en tu vida. Hay otras que sencillamente te caen mal, quizás no te hayan hecho nada, pero no las aguantas y ya está, ellas viven su vida y tú la tuya.
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Hay mucha gente que te quiere pero también que no te desea nada bueno. No hablo de odio porque me parece una palabra demasiado fuerte y drástica, pero se le acerca. Esas personas te insultan, te critican y se meten contigo. Tú pasas de ellas, te da igual lo que digan de ti, no te interesan en lo más mínimo. ¿Pero qué sucede cuando esas personas han sido del primer grupo que he mencionado antes? Sí, esas en las que confías plenamente y pondrías la mano en el fuego. Pues te quemas. Y te sorprendes, y aún cuando llevas quemándote mucho tiempo sigues sin créertelo. Y entonces todo lo malo que dicen de ti, te duele y mucho. Sus palabras son como puñales, como dardos envenenados. Esas sí que te afectan, porque no puedes comprender cómo alguien que te importaba tanto y tú creías que le importabas puede decir esas cosas de ti que además no tienen ni pies ni cabeza...
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En esas circunstancias, te refugias en los momentos felices y divertidos. Por un momento te sientes bien, pero esa sensación desaparece cuando te das cuenta de cuál es la realidad. Entonces, esos recuerdos se tornan amargos...

martes, 4 de enero de 2011

Mala, pero mala mala.

Hay personas que sinceramente, me dan lástima. ¿Por qué? Porque en su interior solo cabe una sola palabra: MALDAD. Hay gente mala, pero lo que se dice mala mala. Sólo saben criticar a diestro y siniestro por pura diversión, porque no tienen nada mejor que hacer. Si con sus vidas tuvieran suficiente no se dedicarían a hablar mal de otros ni a meterse donde no les llaman. Les encanta juzgar sin tener ni idea, sin darse cuenta de que cada persona es un mundo completamente nuevo, con rincones secretos que no puede o quizás no quiere desvelar. Esos individuos deberían dejar de mirar los defectos de los demás y analizarse a sí mismos. En lugar de crear castillos en el aire y darse ínfulas por el simple hecho de aparentar tendrían que poner los pies en la tierra y comprender que así no van a llegar a ninguna parte y que al final sólo les quedará una cosa para hacerles compañía: su querídisma amiga la MALDAD.