A todas horas, a cada minuto, incluso a cada segundo. No nos dan tregua. Nuestra vida está marcada por elecciones. Desde que decides abrir los ojos y enfrentarte al mundo cruel ya estás eligiendo. Escojes lo difícil. Lo que más te apetece es volver a cerrar los ojos y perderte en la oscuridad, dónde eres feliz, dónde sólo estás tú y tus sueños. Pero no. Descartas la opción fácil y te encaras a lo desconocido.
Hay muchos tipos de elecciones. Las inconscientes, aquellas que ni siquiera te das cuenta de que existen. Pero están ahí y son las responsables de que no pares de caminar y sigas adelante. Las banales, que carecen de importancia transcendental, como decidir si tomas cereales o galletas para desayunar. Las lógicas. Sabes que es invierno, hace frío. Lo más normal es que te pongas ropa de abrigo porque sino caerás enfermo.
Pero, ¿acaso la lógica es divertida? Somos humanos, y eso implica que seamos contradictorios e impulsivos. Esas son las mejores, las elecciones contradictorias, ilógicas. Nieva. Sales a la calle. Sabes que puedes enfermar pero lo haces. Sientes los copos helados en tu cara. Sonríes. Eres feliz. Tú lo has elegido.
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