domingo, 22 de mayo de 2011
¿Así mejor? :)
En estos momentos, por unas cosas u otras, la balanza se va a inclinar hacia lo positivo. Encontraré fuerzas para levantarme. Lo admito, he estado a punto de ser derrotada, pero me levantaré. PUEDO Y QUIERO! :D
miércoles, 11 de mayo de 2011
Escoja, entre el clavel o la rosa
A todas horas, a cada minuto, incluso a cada segundo. No nos dan tregua. Nuestra vida está marcada por elecciones. Desde que decides abrir los ojos y enfrentarte al mundo cruel ya estás eligiendo. Escojes lo difícil. Lo que más te apetece es volver a cerrar los ojos y perderte en la oscuridad, dónde eres feliz, dónde sólo estás tú y tus sueños. Pero no. Descartas la opción fácil y te encaras a lo desconocido.
Hay muchos tipos de elecciones. Las inconscientes, aquellas que ni siquiera te das cuenta de que existen. Pero están ahí y son las responsables de que no pares de caminar y sigas adelante. Las banales, que carecen de importancia transcendental, como decidir si tomas cereales o galletas para desayunar. Las lógicas. Sabes que es invierno, hace frío. Lo más normal es que te pongas ropa de abrigo porque sino caerás enfermo.
Pero, ¿acaso la lógica es divertida? Somos humanos, y eso implica que seamos contradictorios e impulsivos. Esas son las mejores, las elecciones contradictorias, ilógicas. Nieva. Sales a la calle. Sabes que puedes enfermar pero lo haces. Sientes los copos helados en tu cara. Sonríes. Eres feliz. Tú lo has elegido.
Là où le soleil brille
Miro por la ventana. Llueve. Tras las rejas rojas observo la oscuridad y la soledad que reinan en la calle. Aún faltan varias horas para que anochezca y sin embargo parece que es muy tarde. Me aburro, me siento prisionera en mi cárcel imaginaria. Un relámpago ilumina el cielo y simultáneamente, tal que una lámpara al encenderse, una idea nace en mi cabeza. Sonrío. Me precipito a la puerta, bajo las escaleras de dos en dos y salgo a la calle pisando fuerte. Corro. No sé cuál es mi destino, pero mis piernas sí parecen saberlo. Llego a un lugar donde ya no predomina el triste gris de la ciudad. Es como un oasis en medio de un desierto. Levanto mi cabeza hacia el cielo y la lluvia moja mi cara sin piedad. Intento no cerrar los ojos. Me concentro en cada gota que cae. Le han dado al botón de cámara lenta. Puedo verla perfectamente. Una gota diminuta, pero diferente a todas las demás. En realidad, ninguna de ellas es igual. Por separado, son insignificantes, pero juntas, tienen un poder asombroso.
El tiempo vuelve a su velocidad real, pero mi cabeza se acelera. Observo las nubes. Son negruzcas y cubren el cielo por completo. Intento ver más allá de ellas, allá donde el sol brille. Y ahí está, irradiando toda su energía. Calienta mi piel y le da un matiz dorado. Observo mi pelo. Ha sido obsequiado con un brillo especial que lo hace mucho más bonito. Cierro los ojos. Permanezco en la más absoluta inmovilidad disfrutando del calor. Los vuelvo a abrir. Las nubes no se han ido, pero el sol sigue allí. No lo puedo ver, pero sé a ciencia cierta que no se ha ido ni nunca se irá, y mientras tanto, aprenderé a bailar bajo la lluvia.
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