Corro. Se está yendo. Va a cerrar las puertas. No, por favor. Pongo cara de pena. No funciona. Me cierra las puertas en las narices. Maldito conductor. Ahora toca esperar no sé cuantos minutos en la parada hasta que llegue otro bus... Llega. Subo. Pago. Busco un asiento. Me acomodo en él. Todo de forma automática, como si fuera un robot. El bus arranca. Empieza el juego.
Miro a mi alrededor. Personas. Todas a lo suyo, pensando en sus cosas. Las observo con disimulo. Me encanta hacerlo. Adoro imaginar cómo son sus vidas, adónde van, si tienen problemas... Pero lo mejor es escuchar conversaciones ajenas. Si son dos o más que se conocen mejor, pero aunque todo el mundo esté solo no pasa nada, ya que no hay un solo autobús en el que no suene un móvil: está científicamente demostrado.

Cuando hablan tengo una excusa para apoyar mi teoría sobre su posible personalidad. Pero cuando sólo me fijo en su aspecto, me avergüenzo de mí misma. Si se trata de una chica guapa, no por ello su vida va a ser de color de rosa... Quizás sería más feliz con un poco menos de belleza... Que una chica lleve gafas y esté algo rellenita no quiere decir que saque dieces. ¿Quién sabe? Igual baila genial hip hop... Un hippie con rastas podría venir de una familia rica o estar estudiando empresariales...
Apariencias. Nuestro mundo se basa en ellas. Prejuicios. Todos los tenemos. Y no, no debe ser así. No se puede juzgar sin saber. No basta con abrir los ojos y mirar. Hay que intentar ver más allá para conocer de verdad a las personas.

Apariencias. Distanciando personas desde tiempos inmemoriales.
Que fea eres Eva, que no te pasas nunca por mi blog ¬¬ I hate you
ResponderEliminarA la Rachelona se lo perdono, que tiene problemas con los comments pero tú no, Evurcia!
Por cierto, a parte de mi reprimenda, que sepas que estoy de acuerdo contigo... que nos dejamos llevar por el exterior y juzgamos demasiado pronto, y no debería ser así. Pero el mundo no va a cambiar... y lo sabemos.
Muack!;)